miércoles, 16 de noviembre de 2011

;

Apática. Ida. Con miedo a mostrar sus sentimientos, con miedo a decir lo que piensa, pero sin poder guardárselo. Expresa cómo se siente, dice que no se encuentra bien. Tiene miedo. Miedo de quedarse sola, miedo de no ser la primera. Después de decirlo, se siente mal, se martiriza; "no debí haberlo dicho, sólo conseguiré hacer que se preocupen" "pensará que sólo quiero llamar la atención". Piensa de nuevo que lo mejor es fingir que no pasa nada, que nada le preocupa, pero no puede. Porque ella es así. Porque cuando le duele, tiene que decirlo, pero nadie la entiende. Ni nadie la ayuda. Ella quiere ser la única para él. Quiere que no existan las mentiras, quiere terminar con el pellizco en el corazón que se le coge cada vez que ve como habla con ellas. Quiere no volver a ver cosas que no concuerdan con lo que él le dice. Ella sólo quiere que la quieran de la misma manera que ella ama a los demás.

De nuevo, apática. Ida. Dentro de sí misma ansía tantas cosas, pero se engaña pensando que lo único que quiere es quedarse entre sus cuatro paredes, mirando a un punto fijo, sin pensar en qué es lo que le duele y cómo solucionarlo. Dentro de ella quiere que alguien le dé solución a lo que le duele sin que tenga que pedirlo. Nunca va a pedirlo, pero sí que quiere ayuda, la necesita desesperadamente, alguien que la comprenda y le dé una solución a aquello que tanto le duele, pero siempre les mostrará a los demás la cara más extraña. La dura, la que no necesita ayuda. Sólo matar el tiempo mirando al horizonte.

No hay comentarios:

Publicar un comentario